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martes, 21 de enero de 2020

#OlgaOrozco2020: Pequeños visitantes






Sé que hay algún avaro lugar donde se guardan pedazos de paisaje,
escenas incompletas como cualquier escena de este mundo,
poblaciones y gentes aferradas a un solo atardecer,
a una sola tormenta.
Se dirían imágenes arrebatadas al pasar por un golpe de viento,
retazos del pasado recogidos como por un rastrillo para el último día,
quizás como testigos, quizás como una prueba destinada a la hoguera final.
Ese sitio imantado deja escapar a veces sus mezquinos tesoros,
quién sabe por qué grieta, por qué secreto acierto del azar,
y vienen hacia mí, que apenas reconozco esas apariciones
en las que ya no soy y los otros so están han perdido la sombra y el color.
Pero igual me persiguen con sus lerdos oleajes,
se obstinan, se desvelan, como si en mí estuviera la clave de su exilio,
la llamarada madre.
¿No busco así también la imagen escondida de la que intento ser la semejanza?
Y aunque a mí no me alcance la forma ni el fulgor para modelo,
debo enfrentarme aún una vez más con palabras roídas, con gestos recortados,
con espejos infieles de episodios casi desvanecidos
como quien se contempla en los retratos de algún álbum leproso, miserable.
¡Ah, porque no se trata de momentos guardados para la gran memoria!
¿Y a quién interrogar por esta ciega ronda de ratones?
¿Son tan solo humaredas,
vanas emanaciones desprendidas de un gran fuego central?
¿O alguna proyección con que poblé, ignorante, los pálidos desiertos de la soledad?
¿Y si fueran, opacos, andrajosos, con su gris aterido,
los fieles anticipos de mi verdadera vida, más allá?


en "Con esta boca, en este mundo" (1994)

viernes, 10 de enero de 2020

#OlgaOrozco2020: Señora tomando sopa




Detrás del vaho blanco está la orden, la invitación o el ruego,
cada uno encendiendo sus señales,
centelleando a lo lejos con las joyas de la tentación o el rayo del peligro.
Era una gran ventaja trocar un sorbo hirviente por un reino,
por una pluma azul, por la belleza, por una historia llena de luciérnagas.
Pero la niña terca no quiere traficar con su horrible alimento:
rechaza los sobornos del potaje apretando los dientes.
Desde el fondo del plato asciende en remolinos oscuros la condena:
se quedará sin fiesta, sin amor, sin abrigo,
y sola en lo más negro de algún bosque invernal donde aúllan los lobos
y donde no es posible encontrar la salida.

Ahora que no hay nadie,
pienso que las cucharas quizá se hicieron remos para llegar muy lejos.
Se llevaron a todos, tal vez, uno por uno,
hasta el último invierno, hasta la otra orilla.
Acaso estén reunidos viendo a la solitaria comensal del olvido,
la que traga este fuego,
esta sopa de arena, esta sopa de abrojos, esta sopa de hormigas,
nada más que por puro acatamiento,
para que cada sorbo la proteja con los rigores de la penitencia,
como si fuera tiempo todavía,
como si atrás del humo estuviera la orden, la invitación, el ruego.

en Con esta boca, en este mundo (1992)

https://www.youtube.com/watch?v=hRbCkle9hu0