lunes, 10 de febrero de 2020

Club de lectura LAS OLGAS




coordinan Alejandra Correa y Marisa Negri

Objetivos

Brindar las herramientas para que lxs participantes conozcan la vida y obra de la poeta argentina Olga Orozco (1920- 1999), a 100 años de su nacimiento (17 de marzo de 2020).

Proponer el intercambio en las lecturas y consignas para llevar su obra a diferentes públicos a partir de consignas especialmente elaboradas.

Profundizar en lecturas teóricas sobre su obra.
Destinatarixs
Destinado a cualquier persona que quiera conocer la obra de Olga, experimentar con la poesía y sus posibilidades. Docentes, emprendedorxs culturales, bibliotecarixs, coordinadores de talleres, escritorxs y lectorxs en general.
Contenidos
Módulo 1: La poesía y la vida de Olga Orozco / Claves para abordar la lectura. Consignas de escritura para lxs talleristas. Bibliografía sobre una temática relacionada.

Módulo 2: La obra periodística de Olga Orozco / Claves para abordar la lectura. Consignas de escritura para lxs talleristas. Bibliografía sobre temática relacionada.

Módulo 3: La obra narrativa de Olga Orozco / Claves para abordar la lectura. Consignas de escritura para lxs talleristas. Bibliografía sobre temática relacionada.

Módulo 4: Otras Olgas. La radio, el teatro, las epístolas y el ensayo / Claves para abordar la lectura. Consignas de escritura para lxs talleristas. Bibliografía sobre temática relacionada.
Frecuencia y modalidad
Club de lectura + Taller de escritura

Duración: 2 meses/ 4 módulos quincenales (1 módulo cada 15 días).

Cada módulo organiza las lecturas y las actividades.

Intercambiamos experiencias de lectura y trabajos a través de un grupo privado en Facebook. Cada participante lo hará a su propio ritmo y conveniencia.

Consignas de escritura a partir de las lecturas. Quien no tenga deseos de escribir, no es excluyente.

Bibliografía sobre diferentes temáticas relacionadas con el material de los módulos.


Inicia: lunes 10 de febrero 2020.


Inscripción e informes: poesiaenlaescuela@gmail.com

http://nuevotallerpoesiaenlaescuela.blogspot.com/2020/02/club-de-lectura-las-olgas-100-anos-del.html

#OlgaOrozco2020: Rara sustancia

                                        collage de Enrique Molina
                                     



Mi especie no es del agua ni del fuego, ni del aire o la tierra, solamente,
sino cuando me fijan a los muestrarios que yo sé con herrumbrados alfileres.
Pero desde mi lado y a deshoras
y en esos días en que se levanta la tapa del momento y se distingue el fondo,
si me arrancan mi capa de espesor y me dejan a oscuras sin el amparo de mi nombre,
verán que pertenezco a esa extraña familia de las metamorfosis transparentes,
a ese orden inconcluso que se fija a un color como a la sal del mundo
o que toma la forma de aquello que contiene,
así sea una llave, así sea una ausencia.
Basta que una palabra me atraviese de pronto lado a lado,
sobre todo si es siempre, sobre todo si es nunca, o acaso, o demasiado,
para que quede impresa como una quemadura hasta el subsuelo de mi anatomía.
Porque así es mi sustancia: un animal oculto en la espesura,
incorporando huellas, humaredas y soles a la hierba que pasa entre sus dientes.
Yo devoro el paisaje, cada trozo de eternidad instantánea, con mi propio alimento.
He copiado visiones que me son más cercanas que mis ojos,
imágenes ardientes como incrustaciones de vidrio en una llaga.
Y no es por atesorar oscuros esplendores de mendiga tras avaros recuentos.



Es por las comuniones del contagio,
por vocación de apego y de caricia aun frente a un adiós, a un adiós imposible,
que me dejo invadir por cosas tan remotas como un país en el que nunca estuve,
que según se me mire soy un tatuaje al rojo,
un farol oscilando en un andén donde se queda envuelto por la niebla mi destino,
una puerta entreabierta por la que se cuela una ráfaga fría que me convierte en soplo,
casi en nadie.
Pero jamás consigo estar completa; no logro aparecer de cuerpo entero.
¿Y en qué consistirá esta naturaleza inacabada
que vira sin cesar hacia otros brillos, otras fronteras y otras permanencias?
¿Cuál podrá ser mi reino en esta mezcla, bajo esta propensión inagotable
que abarca mucho más que las malezas, los plumajes cambiantes y las piedras?
Tal vez el reino de la unidad perdida entre unas sombras,
el reino que me absorbe desde la nostalgia primera y el último suspiro.

en "La noche a la deriva" (1984)

domingo, 9 de febrero de 2020

#OlgaOrozco2020: Balada de los lugares olvidados

collage de Enrique Molina



Mis refugios más bellos,
los lugares que se adaptan mejor a los colores últimos de mi alma,
están hechos de todo lo que los otros olvidaron.

Son sitios solitarios excavados en la caricia de la hierba,
en una sombra de alas, en una canción que pasa;
regiones cuyos límites giran con los carruajes fantasmales
que transportan la niebla en el amanecer
y en cuyos cielos se dibujan nombres, vieja frases de amor,
juramentos ardientes como constelaciones de luciérnagas ebrias.

Algunas veces pasan poblaciones terrosas, acampan roncos trenes,
una pareja junta naranjas prodigiosas en el borde del mar,
una sola reliquia se propaga por toda la extensión.
Parecerían espejismos rotos,
recortes de fotografías arrancados de un álbum para orientar a la nostalgia,
pero tienen raíces más profundas que este suelo que se hinde,
estas puertas que huyen, estas paredes que se borran.

Son islas encantadas en las que sólo yo puedo ser la hechicera.

¿Y quién sino, sube las escaleras hacia aquellos desvanes entre nubes
donde la luz zumbaba enardecida en la miel de la siesta,
vuelve a abrir el arcón donde yacen los restos de una historia inclemente,
mil veces inmolada nada más que a delirios, nada más que a espumas,
y se prueba de nuevo los pedazos
como aquellos disfraces de las protagonistas invencibles,
el círculo de fuego con el que encandilaba al escorpión del tiempo?


¿Quién limpia con su aliento los cristales y remueve la lumbre del atardecer
en aquellas habitaciones donde la mesa era un altar de idolatría,
cada silla, un paisaje replegado después de cada viaje,
y el lecho, un tormentoso atajo hacia la otra orilla de los sueños;
aposentos profundos como redes suspendidas del cielo,
como los abrazos sin fin donde me deslizaba hasta rozas las plumas de la muerte,
hasta invertir las leyes del conocimiento y la caída?

¿Quién se interna en los parques con el soplo dorado de cada Navidad
y lava los follajes con un trapito gris que fue el pañuelo de las despedidas,
y entrelaza de nuevo las guirnaldas con un hilo de lágrimas,
repitiendo un fantástico ritual entre copas trizadas y absortos comensales,
mientras paladea en las doce uvas verdes de la redención
-una por cada mes, una por cada año, una por cada siglo de vacía indulgencia-
un ácido sabor menos mordiente que el del pan del olvido?

¿Porqué quién sino yo les cambia el agua a todos los recuerdos?
¿Quién incrusta el presente como un tajo entre las proyecciones del pasado?
¿Alguien trueca mis lámparas antiguas por sus lámparas nuevas?

Mis refugios más bellos son sitios solitarios a los que nadie va
y en los que sólo hay sombras que se animan cuando soy la hechicera.

en "La noche a la deriva" (1984)

sábado, 8 de febrero de 2020

#OlgaOrozco2020: Escena de caza



Escena de caza / Rembrandt


Vestido de maltrecho animal mi porvenir
se oculta en la espesura con un salto de liebre perseguida por viles cazadores
hasta la otra orilla del tapiz.
¡Cuántos nobles destinos inmolados al dios de la pezuña hendida
o al alto, serenísimo, el que ajusta su vuelo como el lazo del estrangulador!
¡Ah, mi breve, abstraído, impostergable porvenir!
No harás retroceder al enemigo mostrándole los dientes;
ni siquiera podrías domesticar la fronda en nombre del perdón,
ni aunque fuera el ciervo espectral de San Huberto irradiando el milagro.
Entonces no hay salida bajo ninguna piel.
Habrá que resistir hasta que pase la inflamada codicia;
habrá que despistar al rastreador simulando un camino que no vuelve,
o nadie, o el desplomado cielo,
o toda la soledad agazapada contra el árido fondo de un vacío sin fin
en el que se consuma en viento y humo mi pálido destino.
Poco hay para roer,
como no sean las bayas desechadas por las ratas del último saqueo,
raspaduras de espléndidas visiones en las que naces rey,
huesos de fiebres y de idolatrías.
No importa; haremos tiempo con astillas y plumas de los lentos,
lentísimos crepúsculos;
con algún agujero de la trama haremos un lugar para sobrevivir,
un hueco disimulado en la hojarasca,
mientras urde la salvación mi cándido futuro.
¿No fue nuestro el pasado con sus ojos que miran desde todas partes?
¿Acaso se ha escapado ya el presente, sólo un temblor al tacto?
¿Y todos essos restos esparcidos bajo el grito del sol?
¡Tan bello porvenir despedazado por los perros de la cacería!

en "En el revés del cielo" (1988)

viernes, 7 de febrero de 2020

#OlgaOrozco2020: El obstáculo



collage de Enrique Molina



Es angosta la puerta
y acaso la custodien negros perros hambrientos y guardias como perros,
por más que no se vea sino el espacio alado,
tal vez la muestra en blanco de una vertiginosa dentellada.
Es estrecha e incierta y me corta el camino que promete con cada bienvenida,
con cada centelleo de la anunciación.
No consigo pasar.
Dejaremos para otra vez las grandes migraciones,
el profuso equipaje del insomnio, mi denodada escolta de luz en las tinieblas.
Es difícil nacer al otro lado con toda la marejada en su favor.
Tampoco logro pasar aunque reduzca mi séquito al silencio,
a unos pocos misterios, a un memorial de amor, a mis peores estrellas.
No cabe ni mi sombra entre cada embestida y la pared.
Inútil insistir mientras lleve conmigo mi envoltorio de posesiones transparentes,
este insoluble miedo, aquel fulgor que fue un jardín debajo de la escarcha.
No hay lugar para un alma replegada, para un cuerpo encogido,
ni siquiera comprimiendo sus lazos hasta la más extrema ofuscación,
recortando las nubes al tamaño de algún ínfimo sueño perdido en el desván.
No puedo trasponer esta abertura con lo poco que soy.
Son superfluas las manos y excesivos los pies para esta brecha esquiva.
Siempre sobra un costado como un brazo de mar o el eco que se prolonga porque sí,
cuando no estorba un borde igual que un ornamento sin brillo y sin sentido,
o sobresale, inquieta, la nostalgia de un ala.
No llegaré jamás al otro lado.

jueves, 6 de febrero de 2020

#OlgaOrozco: Parte de viaje


collage de Enrique Molina


Como quien se ha perdido en la espesura y es tarde y tiene frío
-no importa que las hojas prometieran con cada centelleo una gruta encantada,
que los susurros del atardecer fueran las risas de los desaparecidos,
que los pájaros cambiaran de color justo a la hora de no ser ya los mismos-,
quiero volver a contemplar el fuego entre cuatro paredes.
No diré que la travesía fuera imaginable,
visos de tiempo incesantemente proyectado en la memoria del olvido,
sino que fue más bien ver desfilar relatos fosforescentes en el curso de agua,
siempre con la amenaza de una zarpa a punto de borrarlos,
siempre con desenlaces sombríos en los que me alejo de la mano de nadie
o estoy en una escena en que la muerte ha protagonizado todos los papeles.
No faltaron prodigios.
Todo viaje comprende reservas naturales de los museos que nos obsesionan.
Puedo hablar, por ejemplo,
del hombre que se trasmuta en nube cuando lo llama la distancia,
y acaso sea el mismo a quien reclama por cada oreja una mitad del mundo,
o de aquel que propaga imágenes de amor, como una repetición del eco,
y acaso sea el mismo en cuya sombra crece sólo la hierba del edén perdido.
Cada uno en su juego de ráfaga indecisa,
cada uno girando en su noche sin fondo, en su órbita incierta.
También hubo el mensaje de la lluvia que cayó al mismo tiempo en [dos lugares
y las apariciones simultáneas de mariposas negras en todas las ventanas
y los atardeceres contagiosos como diseminados por las tenaces pestes del paisaje.
Podría citar otras maravillas y errores que no apresó la crónica,
rarezas y ejemplares nunca domesticados por pregones de feria,
pero no quiero contemplar dos veces lo que vuelve del polvo o es rehén de otro reino.
Que repose intocado con su bautismo de insoluble sal sobre la frente.
¿Y para qué despertar uno por uno los accidentes del camino?
Quedaron señalados con un sello indeleble en los relevamientos del subsuelo,
como si fuera útil ¿para quién? el ejemplo o necesaria ¿para qué? la advertencia,
como si yo pudiera ser la misma aunque no cambie el río.
Entre suelos que corren y límites que se sumergen o que vuelan
las pruebas fueron tantas que no acerté los tiempos;
confundí las personas, entradas y salidas, costumbres y tatuajes;
con las demoliciones de los años construí laberintos en vez de paraderos;
me dormí bajo techo y desperté acosada por los perros de la cacería.
En alguna oportunidad presté mis lámparas a las vírgenes fatuas:
me dejaron a oscuras y me desvalijaron los gorriones.
No pienso, no, que todo fue acechanza, ni mordedura, ni emboscada.
Guardo en algún lugar los días y las noches como inmensos retazos de la fiesta
y solamente habrá que desplegarlos, iluminar los rostros,
probar los episodios y repetir los gestos,
como si alguien nos hubiera elegido para ser personajes de algún sueño.
Aunque tal vez sea mejor conservarlos plegados
junto con los recortes de las bellas excursiones frustradas
y los planos de puertos y ciudades en los que ya no hay nadie para hospedar el alba
y el mapa del planeta con su flora y su fauna coloreados por la melancolía
y la cinta del horizonte inabordable.
Ahora estoy sentada sobre la hierba insomne y hago mi recuento.
¿Debí no haber salido a la intemperie? ¿o cambiar el trayecto?
Todo paso hacia atrás puede invertir de pronto la perspectiva de una his toria.
Toda mirada por encima del hombro puede adulterar los inocentes escenarios.
Es tarde y hace frío bajo las estrellas que todavía lucen, actuales en su nunca,
pero que quizás allá lejos se apagaron.
Voy a entrar en la casa.
Alguien está despierto estrujando las sombras, disponiendo los leños.
¿Es innoble la paz? ¿Es sedentario el fuego?


en "La noche a la deriva" (1984)

miércoles, 5 de febrero de 2020

#OlgaOrozco2020: El resto era silencio



pintura de Enrique Molina




Yo esperaba el dictado del silencio;
acechaba en las sombras el vuelo sorprendente del azar, una chispa del sol,
así como quien consulta las arenas en el desierto blanco.
Él no me respondía, tercamente abismado en su opaca distancia,
su desmesura helada.
Calculaba tal vez si hacer hablar al polvo que fue columna y fue fulgor dorado
no era erigir dos veces el poder de la muerte,
o si nombrar enigmas al acecho y visiones que llevan a otros cielos
no era fundar dos veces lo improbable, como en la vida misma.
Quizás siguiera el juego de unos dados que no terminan nunca de caer,
que giran como mundos extraviados en el vacío inmenso.
Yo aventuraba voces de llamada en la bruma,
sílabas que volvían tal como la paloma del diluvio volvió por primera vez al Arca,
balbuceos deshabitados hasta nadie, hasta salir de mí.
Él crecía entre tanto a costa mía y a expensas de la Historia,
amordazando al tiempo, devorando migaja por migaja la creación.
Era todos los nombres y era el tigre,
el color del crepúsculo, los mares, el templo de Segesta, las tormentas.
Denso como la noche, contra la noche muda me acosaba.
Y ya no había más. Éramos, él y yo.
¿No fue entonces extraño que de pronto lo viera casi como al Escriba,
remoto, ensimismado, frente al papel desnudo,
con los ojos abiertos hacia su propio fuego sofocado
y la oreja tendida hacia el sermón del viento y el salmo de la nieve?
Había una sentencia en su página blanca,
un áspero dictado caído de lo alto hasta su mano:
“Y haz que sólo el silencio sea su palabra”.

en "En el revés del cielo"(1988)